La paradoja de la jaula abierta.
- Denise Dianderas

- hace 2 días
- 4 Min. de lectura
La libertad no siempre se conquista rompiendo límites, sino reconociendo que muchos ya no existen. Este texto explora cómo la percepción moldea nuestra realidad, por qué el confort puede volverse una trampa y qué significa elegir con alma en el trabajo y en la vida. Pensar distinto no es opcional: es el primer acto de libertad.

A finales del siglo XIX, los circos europeos descubrieron un método tan cruel como efectivo para domar elefantes. Desde pequeños, los encadenaban con grilletes gruesos a una estaca de hierro. Durante meses, el animal intentaba liberarse sin éxito. Tiraba, se agitaba, se hería. Hasta que un día, dejaba de hacerlo. Con el tiempo, los domadores ya no necesitaban la cadena. Bastaba una soga fina atada a una estaca blanda.
El elefante —que ahora podía arrancarla con facilidad— ni siquiera lo intentaba.
Había aprendido una verdad que ya no existía: no puedo.
Las jaulas mentales del trabajo
La mayoría de nosotros hace exactamente lo mismo, pero con grilletes invisibles. En los negocios. En la creatividad. En las relaciones.
Arrastramos límites que alguna vez fueron reales, pero que ya no lo son. El emprendedor que sigue tomando todas las decisiones porque “nadie lo haría igual”. El creador que no publica hasta que todo está perfecto porque “una vez lo criticaron”.
El profesional que no cambia de rumbo porque “ya es tarde para empezar de nuevo”.
Las cuerdas ya no están en el suelo. Están en la mente.
Y la jaula —aunque abierta— sigue cumpliendo su función.
La libertad no siempre exige romper, sino desaprender
Solemos pensar que la libertad llega cuando rompemos límites.
Más fuerza. Más disciplina. Más voluntad. Pero hay una paradoja incómoda: la libertad muchas veces llega cuando reconocemos que el límite ya está roto.
Que lo que antes te protegía hoy te contiene. Que el mayor obstáculo no es la falta de recursos, sino la persistencia de un guion antiguo. Por eso, crecer no siempre consiste en aprender más, sino en olvidar mejor. Dejar de obedecer normas que ya no aplican. Desconfiar de tus propios “no puedo”. A veces, el cambio empieza con algo tan simple como tirar suavemente de la cuerda.
El verdadero punto de apalancamiento: la percepción
Nos han hecho creer que el cambio requiere acción.
Más hacer. Más empujar. Más insistir. Pero he llegado a entender algo distinto: nuestro punto de apalancamiento más poderoso es la percepción. Cambia cómo ves, y todo cambia con ello.
Los toltecas lo llamaban el punto de encaje: ese lugar interno donde se construye la realidad. Enseñaban que podemos moverlo. Cambias el punto de encaje, y cambias la realidad misma.
No lo entendí como filosofía. Lo entendí como experiencia.
Un día comprendí que era inaplicable. Que la única forma de sobrevivir sería crear mi propio negocio. Esa sola percepción cambió mi vida para siempre.
Otro día entendí algo más incómodo: la mayoría de las personas vive una vida de teoría.
Saben cómo es la buena vida, pero la mantienen en un estante. La idea del negocio, pero no el lanzamiento. La jubilación soñada, pero no los ahorros. Todas las metas, pero no el compromiso. Yo no quería admirar la buena vida desde lejos. Quería entrenar para ella. Y esa percepción volvió a cambiarlo todo.
Mirar atrás no basta para avanzar
“La vida solo puede ser entendida mirando hacia atrás, pero ha de vivirse mirando hacia adelante.” — Søren Kierkegaard. Esta frase me persigue porque encierra una tensión difícil de sostener. Necesitamos reflexión para entender.
Pero necesitamos acción para avanzar. He caído muchas veces en la trampa de querer entenderlo todo antes de mover ficha. Analizar hasta el agotamiento. Esperar la claridad total que nunca llega. Porque la claridad es retrospectiva, no prospectiva.
Vivir hacia adelante implica aceptar la incertidumbre. Construir el puente mientras lo cruzas. Entiende el pasado. Pero no vivas ahí.

Foto: Rafo Iparraguirre.
El refugio que abriga… y enfría
Arthur Schopenhauer contaba la parábola de los erizos: en invierno se acercan para darse calor, pero al hacerlo se hieren con sus púas. Se alejan. Vuelven a sentir frío. Hasta que encuentran una distancia justa: incómoda, pero habitable.
En la vida profesional hacemos lo mismo. Buscamos refugios: el modelo que ya funciona, el puesto estable, la estrategia que siempre dio resultados. Abrigan. Pero también enfrían. Porque lo mismo que te protege de la incertidumbre, te protege del crecimiento.
Los entornos “seguros” reducen el riesgo, pero también reducen la sensibilidad. Y sin sensibilidad, no hay aprendizaje. La incomodidad es señal de vida. Crecer no es encontrar el refugio perfecto. Es aprender a habitar la distancia justa entre el calor y la herida.
Empatía visceral y cicatrices que valen
No entendemos realmente la empatía. No es imaginar el dolor del otro. Es reconocerlo en el cuerpo. La empatía más poderosa no es conceptual. Es visceral. Por eso importan las historias de origen. No para victimizarse, sino para crear puentes.
Tus heridas no son solo heridas. Tus fracasos no son solo fracasos. Son credenciales. Como en el kintsugi japonés, donde las grietas se rellenan con oro: lo que estuvo roto no se oculta, se vuelve parte del valor.
Pensar distinto cuando nadie piensa
“Allí donde todos piensan parecido, nadie piensa demasiado.” — Walter Lippmann. El consenso es cómodo. Y profundamente peligroso.
En los negocios, el pensamiento grupal mata más oportunidades que la competencia. Copiar se siente seguro. Fallar como todos duele menos.
Pero si tu estrategia suena igual a la de todos, no es una estrategia. Es un eco. Pensar de verdad exige estar dispuesto a estar solo —al menos al principio.
La pregunta que no podemos evitar.
Cada día intento hacerme esta pregunta, aunque incomode: ¿Mi percepción actual me sirve… o me encarcela? Porque la percepción correcta no solo cambia cómo ves el mundo. Cambia lo que te atreves a elegir. Y elegir siempre tiene un costo. Pero no elegir también.
Tu próxima vida no está a un esfuerzo de distancia. Está a una percepción de distancia.
Pensar distinto no es un lujo. Es una responsabilidad.
¿Tu percepción actual te libera… o te encarcela?
La Croche DD.






Es un texto muy bien redactado y con magníficas ideas!!! Ministerio de la Creatividad ustedes son mucho más que creativos, nos brindan definiciones muy profundas que llegan a cada uno de nosotros impactando y definiendo de lo que se trata ser creativo!!!