El error mental que te mantiene ocupado pero no avanzando.
- Denise Dianderas

- hace 2 días
- 5 Min. de lectura
Hay verdades que duelen porque, en el fondo, ya las sabíamos. Esta es una: no estás confundido, estás sobreestimulado. Y esa sobreestimulación —esa falsa sensación de avance solo porque algo se mueve— puede ser el costo silencioso más alto de un negocio. Empecemos por la historia que mejor revela este autoengaño.

Foto: Hans Stoll.
1. El síndrome del puente colgante: la trampa psicológica que te hace creer que estás inspirado cuando solo estás activado
Para entender esta confusión —la que frena a tantos emprendedores sin que se den cuenta— hay que volver a 1974, cuando los psicólogos Donald Dutton y Arthur Aron llevaron a cabo uno de los experimentos más fascinantes de la psicología social moderna.
La escena parecía sacada de una película: dos puentes en Vancouver, dos realidades completamente distintas.
Puente 1: firme, bajo, estable, sin mucha emoción.
Puente 2: colgante, estrecho, tembloroso, suspendido sobre un cañón.
Al final de cada puente, una mujer joven esperaba a los hombres que lo cruzaban. Su tarea, tan simple como estratégica: pedirles que completaran un cuestionario y dejarles su número “por si tenían preguntas sobre el estudio”.
Pero el verdadero estudio empezaba después, cuando los investigadores registraban quiénes llamaban.
El resultado fue tan sorprendente como brutal:
Los hombres que cruzaron el puente colgante tenían más del doble de probabilidades de llamar. ¿Por qué? No era atracción real. No era conexión genuina. No era destino romántico.
Era fisiología mal interpretada. El cuerpo de esos hombres estaba en modo alerta: pulso acelerado, sudoración, adrenalina. Y como el cerebro es pésimo distinguiendo de dónde viene la excitación, hizo lo que siempre hace: se inventó una historia que encajara. “Debo estar atraído.”
Pero no. No era amor. Era miedo. Habían confundido la activación biológica con un sentimiento. El vértigo con deseo. La adrenalina con propósito.
Y aquí es donde muchos se van a reconocer: Hoy, miles de emprendedores viven exactamente igual.
Cruzan puentes colgantes todos los días: deadlines imposibles, lanzamientos apresurados, ideas nuevas cada semana, reuniones llenas de euforia. Y luego interpretan toda esa activación como:
—“Estoy inspirado.”
—“Estoy conectado con mi propósito.”
—“Estoy en flow.”
No. Estás acelerado. Y la adrenalina, cuando no la cuestionas, se disfraza de convicción.
Esa es la trampa. Ese es el síndrome.
El síndrome del puente colgante: confundir estimulación con dirección. Confundir intensidad con sentido. Confundir miedo con deseo. Y lo peor: creer que todo eso es “señal” de que estás en el camino correcto… cuando en realidad solo estás excitado, no orientado.
2. La excitación disfrazada de propósito
Muchos emprendedores no están enamorados de su misión. Están enamorados del rush.
De la novedad. De la intensidad que se siente como “energía emprendedora”, pero que en verdad es pura dopamina mal administrada.
Cambian de idea cada trimestre. Persiguen olas como si fueran surfers.
Confunden movimiento con dirección. Y terminan exhaustos pero convencidos de que “falta poco”.
No falta poco. Falta propósito. Esto tiene nombre técnico: misattribution of arousal.
Pero en el mundo real se llama: Trabajar como si estuvieras en un puente colgante: activado, temblando, creyendo que eso es pasión.
3. El precio invisible de perseguir intensidad
La intensidad es un animal hambriento. Cada vez pide más. Más proyectos, más urgencia, más lanzamientos, más dramas, más adrenalina.
Y tú lo alimentas porque se siente “productivo”.
Pero aquí está lo que muchos confunden: El propósito no genera adrenalina.
Genera orientación. Y la orientación —aunque menos sexy— es lo que construye imperios.
Si solo te sientes vivo en el borde del abismo, no estás liderando un negocio.
Estás buscando tu próximo puente colgante. La emoción te empuja. La dirección te lleva. Aprender la diferencia es el antídoto contra el agotamiento disfrazado de ambición.

4. La Puerta de Transformación: El tiempo no es tu enemigo — es tu ventana
Nos entrenaron para ver el tiempo como un recurso hostil. Algo que se escapa, que nos presiona, que hay que “gestionar”. El tiempo es el único aliado que te dice la verdad: este momento no volverá.
Lo dijo Aquiles en Troya: “Todo es más hermoso porque estamos condenados. Nunca volveremos a estar aquí.”
Eso no es fatalismo. Es libertad. Es saber que lo que puedes crear hoy es distinto a lo que podrás crear mañana, porque tú no serás el mismo, el mercado no será el mismo, las condiciones no serán las mismas.
El tiempo mueve el tablero, quiera tu ego o no. Cada elección que postergas no queda neutra. Crea un futuro por omisión.
Por eso, la pregunta no es “¿estoy listo?”.
La pregunta es: ¿quiero que el futuro lo escriba mi acción o mi procrastinación?
5. El crimen perfecto del emprendimiento: el “si hubiera”
El “si hubiera” es la fantasía preferida del ego: retroactiva, inútil, cómoda y completamente destructiva.
—Si hubiera empezado antes…
—Si hubiera tomado otra decisión…
—Si no hubiera cometido ese error…
Ese “si hubiera” te mantiene mirando atrás mientras el mercado avanza.
El pasado no se puede negociar.
El futuro sí. No necesitas una máquina del tiempo.
Solo necesitas esta decisión: empezar donde estás y cambiar el final.
C.S. Lewis lo dijo así: “No puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes empezar donde estás y cambiar el final.” Sencillo. Irrefutable.
6. Decidir mejor: la habilidad que Munger entendió antes que todos
No necesitas más información. Necesitas mejores filtros.
Charlie Munger lo resumió perfecto: “Mejoras dos veces cada vez que mejoras tu criterio:
— cuando eliges bien,
— y cuando descartas lo que te habría hecho perder.”
La mayoría quiere decidir más rápido. Muy pocos quieren pensar mejor. Y por eso viven ocupados en lugar de vivir estratégicos.
Pensamiento de primera capa: “Esto suena bien. Hagámoslo.”
Pensamiento de segunda capa: “Si hago esto, ¿Qué dejo de poder hacer?”
Las personas de primera capa viven en urgencia. Las de segunda capa viven con dirección.
7. El peor número en los negocios: uno
Un cliente. Un producto. Un flujo de ingresos. Un canal. Una apuesta.
Puro puente colgante. Nassim Taleb lo llamó así: el pavo ilusionado.
Mil días creyendo que el carnicero lo ama…hasta que llega Acción de Gracias.
No puedes predecir el Cisne Negro. Pero sí puedes prepararte para él.
Diversificación. Opcionalidad. Márgenes de error. Así se construyen los negocios que sobreviven a lo inesperado.
8. La lección final: deja de esperar perfección y vuelve a decidir.
La mayoría no decide porque quiere estar segura. Pero la seguridad no existe.
No en la economía real. No en el emprendimiento. No en la vida.
Jeff Bezos lo resolvió con el método de las dos puertas. Un marco de decisión diseñado para mover a una empresa entera con velocidad e inteligencia. Puerta única: irreversible. Puerta doble: reversible, ajustable.
El 90% de las decisiones son puerta doble. Pero casi todos las tratan como si fueran puerta única. Por eso se paralizan. Analizan demasiado. Piden información interminable.
Y llaman a eso “responsabilidad”.
No. Eso es miedo con mejores palabras. El remedio es tan simple que duele: Toma dos decisiones al mismo tiempo. Decisión A: voy por aquí. Decisión B: si no funciona, ajusto y voy por allá.
Movimiento con inteligencia. Velocidad con criterio. Acción sin drama. En el mundo real: Si nació perfecto, nació tarde.
9. El momento de decidir (aunque no te sientas listo):
El tiempo ya está corriendo. Tu mercado ya está cambiando. Tu futuro ya se está diseñando — con o sin tu participación activa. Necesitas claridad para elegir, dirección para avanzar y acción para no postergar tu propio futuro. Porque —como dijo Drucker— “Las grandes decisiones se toman mirando lejos, no mirando mucho.”
Mírate. Mira tu negocio. Mira el momento. ¿Vas a buscar otro puente colgante solo para sentirte vivo? ¿O vas a construir, por fin, el camino que quieres recorrer?
No tiene que ser perfecto. Tiene que ser tuyo. Y tiene que ser ahora.
La Croche DD.





Poderosas palabras!!! motivan a la acción estratégica y pienso que ayudan a evaluar no solamente decisiones de negocios sino de la vida en general. Gracias capa!